jueves, 17 de julio de 2014

EL ÁNGEL DE LOS NIÑOS



Cuenta una leyenda que a un angelito que estaba en el cielo, le tocó su turno de nacer como niño y le dijo un día a Dios:

-Me dicen que me vas a enviar mañana a la tierra. ¿Pero, cómo vivir? tan pequeño e indefenso como soy-

-Entre muchos ángeles escogí uno para ti, que te esta esperando y que te cuidara-

-Pero dime, aquí en el cielo no hago más que cantar y Sonreír, eso basta para ser feliz-

-Tu ángel te cantará, te sonreirá todos los días y tu sentirás su amor y serás feliz-

-¿Y como entender lo que la gente me hable, si no conozco el extraño idioma que hablan los hombres?-

-Tu ángel te dirá las palabras mas dulces y más tiernas que puedas escuchar y con mucha paciencia y con cariño te enseñará a hablar-

-¿Y que haré cuando quiera hablar contigo?-

-Tu ángel te juntará las manitas te enseñará a orar y podrás hablarme-

-He oído que en la tierra hay hombres malos. ¿Quién me defenderá?-

-Tu ángel te defenderá más aún a costa de su propia vida-

-Pero estaré siempre triste porque no te veré más Señor-

-Tu ángel te hablará siempre de Mí y te enseñará el camino para que regreses a mi presencia, aunque yo siempre estaré a tu lado-

En ese instante, una gran paz reinaba en el cielo pero ya se oían voces terrestres, y el niño presuroso repetía con lágrimas en sus ojitos sollozando...

-¡Dios mío, si ya me voy dime su nombre! ¿Cómo se llama mi ángel?-

-Su nombre no importa, tu le dirás: MAMÁ-

martes, 15 de julio de 2014

EL DUENDE Y SU OLLA DE ORO



En un bosque escondido en medio de las montañas vivía un pequeño duende famoso por su avaricia. Desde que había nacido amaba profundamente el oro, buscándolo siempre en el interior de las montañas para guardarlo con cuidado. Los duendes por naturaleza picaban en las minas buscando oro y piedras preciosas, pero siempre lo compartían con toda la comunidad para poder disfrutar de su belleza.


Mientras en el pueblo de los duendes se ponían de acuerdo para las excavaciones, nuestro pequeño duende realizaba el trabajo por su cuenta. Sabían de sus actividades pero le dejaban trabajar a su aire: vivía solo y no molestaba en un principio a los demás duendes. A pesar de todo cada vez más personas miraban con malos ojos al duende, criticándole por no colaborar nunca con la comunidad.


Con el paso del tiempo el pequeño duende se dio cuenta que había guardado ya demasiado oro. Guardó todo lo que pudo en una cueva secreta que solo él conocía y se echó el resto a la espalda dentro de una enorme olla, tan grande que superaba su envergadura. Estaba seguro del cómico aspecto que daba ante los que le miraban pero aún así tenía por seguro que ese oro que le sobraba no se iba a quedar fuera de sus terrenos: necesitaba encontrar un sitio donde esconderlo.


Caminó durante horas por el bosque hasta que llegó al río que lo surcaba. Los duendes casi nunca iban a esa zona, lo que hacía que el lugar fuese un nuevo escondite perfecto. Surcó el borde del río hasta encontrar una cueva a ras del agua, donde introdujo la olla a presión. No estaba muy convencido todavía de que fuese seguro así que comenzó a excavar hasta hacer el agujero mucho más grande, pudiendo meter la olla más al fondo. Desgraciadamente cuando quiso salir se dio cuenta que el agua había entrado en la cueva, dejándole atrapado sin posibilidad de escapar.


Unos duendes especializados en pescar se dieron cuenta de casualidad de la extraña cueva que había aparecido de repente. Vieron al duende atrapado, intentando ayudarle para que pudiese salir. Al principio el duende les dijo que se fueran, que solo querían robarle su olla de oro. Los duendes le insistieron en que no les importaba el oro y que si no se fiaba de ellos que cuando saliese se quedase con todo lo que llevaban encima. Una vez fuera los duendes le ofrecieron sus anillos y collares, avergonzando enormemente al pequeño duende.


La olla de oro se perdió para siempre en la cueva del río, pero a cambio el duende volvió al pueblo natal, donando todo el oro que tenía en las montañas y prometiéndoles que compensaría su falta de altruismo durante los años venideros.

viernes, 11 de julio de 2014

LA BRUJA QUE QUERÍA VOLAR



Hubo una vez una bruja que quería volar pero ni siquiera tenía escoba. Visitó al gran brujo para preguntarle qué debía hacer para conseguir alcanzar su sueño…
-“Debes ir en busca de alguien joven, soñador, valiente, vivaz, con ganas de compartir y disfrutar junto a los demás. Por cada duda que albergue conseguirás, aquella noche, robarle un hilacho de su fuerza y así, poco a poco, podrás ir reuniendo hebras para tu escoba”-
La bruja así lo hizo pero al poco regresó decepcionada.
-“Hice lo que me dijiste…pero la escoba casi no alcanza a despegar del suelo”- le dijo enojada al gran brujo.
-“La persona que escogiste era demasiado joven…mejor busca entre los adolescentes…alguno habrá con miles de dudas…con el corazón debatiéndose por un nuevo amor o con el corazón partido, aturdido ante decisiones difíciles de su paso de niño a adulto o decisiones obligadas y demasiado apresuradas que necesitarían más calma y tiempo porque deciden su futuro, alguien con demasiadas ilusiones no compartidas, con un espejo que le muestre una imagen diferente a la que quiere o demasiado adulto entre tanto niño de su misma edad aún por crecer…con demasiados buenos amigos que no le entienden o ni siquiera le escuchan…Y aunque no lo creas, de esos, de esos encontrarás muchos”-
La bruja marchó caminando, dudosa de la posibilidad de lograr con éxito tan difícil tarea. Vagó por las calles de día, entre los jóvenes, disfrazada de pobre vieja… pero el sol lucía demasiado hermoso y todos los adolescentes, aún estando llenos de dudas, mostraban su cara más juvenil y alegre.
Pasaron los días hasta que recordó que el brujo le habló de la noche… y así descubrió que era justo de noche, en medio de la oscuridad cuando la falta de luz les volvía ciegos. Allí dentro de sus casas, encerrados en sus habitaciones, sucumbían a sus temores y cuando les llegaba el sueño…las dudas se sucedían unas tras otras… y amontonadas se convertían en una montaña imposible de escalar.
Ese era el momento, cuando la fortaleza de la luz del sol dejaba de alentar la fuerza interior, cuando la fe en sí mismos les abandonaba dejándoles a la merced de la oscuridad de la noche… ese era el momento en el que ella debía actuar…
La bruja se apresuró a arrebatar a uno y a otro pequeños hilachos de juventud, de fuerza interior abandonada en medio de la oscuridad… aprovechando la vulnerabilidad de la duda, la flaqueza de la fuerza interior, la falta de fe… Hilachos tras hilacho cada noche la escoba iba cobrando forma, pero aún así, con la primera luz del sol de la siguiente mañana, la escoba se deshilachaba…
La bruja se preguntaba por qué. Una noche, decidió no arrebatar ningún hilacho… y en lugar de eso se sentó al lado del joven que parecía más aturdido para así entender qué era lo que lograba romper el hechizo. Pero el joven no hablaba, estaba callado, sólo escuchaba…escuchaba las palabras de un hombre.
Y a pesar de todo su aturdimiento, a la mañana siguiente, el joven, mirándose frente al espejo sonreía con la fuerza interior del que se mira en el espejo recién levantado y a quien el descanso del sueño le ayuda a recordar la necesidad de creer en si mismo, a pesar de los pesares, sabiendo cuál es el camino para hacer lo que está bien… recordando la necesidad de creer en sí mismo, de mantener la fe, de levantar la cabeza y mostrarle al mundo que aún tiene orgullo.
Salir a la calle e ir a por lo que quiere, sin permitir que se crucen en su camino, sabiendo que logrará ser un campeón sólo si logra mantener la fe, porque no sólo hay que decirlo si no que hay que creer en ello, darse una nueva oportunidad y esperar un poco, porque sólo es cuestión de tiempo para ver como la confianza llega y vence.
Cuando el joven marchó, la bruja se quedó allí, estupefacta, quieta, delante del espejo, con cara sorprendida ante la inmensa sabiduría de aquellos pensamientos. Y recordó entonces todas las palabras de aquella noche… Se miró, se miró en el espejo y miró lo que estaba haciendo en esos momentos.
Encontró un pequeño momento para analizarse a si misma, para ver el modo en que vivía cada día, para poner su vida en orden… para reencontrarse consigo misma…
Y gritó, gritó con todas sus fuerzas… para que la fe se metiera en su interior, tal como aquel hombre por la noche le había dicho cantando al joven, para que la fe y el amor se metieran en su interior a través del corazón…porque no necesitaba robar hilachos de fuerza interior a ningún joven para conseguir su sueño, ella misma podía flotar en el cielo, en lo más alto, cualquier camino que tomara le permitiría hacerlo, con sólo intentarlo…pero debía creer, creer y tener fe…
La bruja cogió unas tijeras y cortó parte de su larga melena para que sus propios cabellos hicieran de hebras de lo que había de ser su escoba. Desde entonces, por las noches, algunos dicen ver a una bruja volar, subida a una escoba medio deshilachada, como su propia melena, cruzando por delante de la luna…
Es ella, es la bruja que se acerca a la luna y a la estrella que más brilla en el cielo, para pedirles, por favor, que no dejen de iluminar el camino en medio de la oscuridad de la noche, porque los jóvenes necesitan que su luz continúe alentando su fuerza interior, alimentando su fe, para que éstas no se desvanezcan fundidas en el negro de la noche y así logren mantener su confianza hasta que lleguen otra vez los primeros rayos de luz que les trae el alba.

miércoles, 9 de julio de 2014

EL DIABLO Y LOS DIABLITOS



Cierto día un duende malo, el peor de todos, puesto que era el diablo, estaba muy contento porque había preparado un espejo que tenía la propiedad de que todo lo bueno, bonito y noble que en él se reflejaba desaparecía, y todo lo malo, feo e innoble aumentaba y se distinguía mejor que antes.


¡Qué diablura malvada! Los paisajes más hermosos, al reflejarse en el espejo, parecían espinacas hervidas y las personas más buenas tomaban el aspecto de monstruos o se veían cabeza abajo; las caras se retorcían de tal forma que no era posible reconocerlas, y si alguna tenía una peca, ésta crecía hasta cubrirle la boca, la nariz y la frente.


-¡Vengan diablitos, miren que divertido!- decía el diablo.


Había algo peor todavía. Si uno tenía buenos pensamientos, aparecía en el espejo con una sonrisa diabólica, y el peor de todos los duendes se reía satisfecho de su astuta invención. Los alumnos de su escuela, pues tenía una porque era profesor, decían que el espejo era milagroso, porque en él se podía ver, afirmaban, cómo eran en realidad el mundo y los hombres.


Lo llevaron por todos los países y no quedó ningún hombre que no se hubiese visto completamente desfigurado. Pero los diablos no estaban satisfechos.


-¡Quisiéramos llevarlo al Cielo para burlarnos de los ángeles!- dijeron sus alumnos.


Así lo hicieron, pero cuanto más subían, más muecas hacía el espejo y más se movía, y casi no lo podían sostener. Subieron y subieron con su carga, acercándose a Dios y a los ángeles. El espejo seguía moviéndose; se agitaba con tanta fuerza que se les escapó de las manos y cayó a tierra y se rompió en más de cien millones de pedazos.


Pero entonces la cosa fue peor todavía, porque había partículas que eran del tamaño de un granito de arena y se esparcieron por todo el mundo, y si caían en el ojo de alguien, se incrustaban en él y los hombres lo veían todo deformado y sólo distinguían lo malo, porque el más pequeño trozo conservaba el poder de todo el espejo.


Lo terrible era cuando una partícula se incrustaba en el corazón de una persona, porque se convertía en un pedazo de hielo. Algunos hicieron cristales de gafas con los trozos que se encontraron pero fue espantoso. El que se ponía las gafas veía todas las cosas transformadas en cosas tristes y desagradables y ya no podía ser feliz.



El diablo se desternillaba de risa vendo lo que habían hecho sus discípulos. Se reía tan a gusto que su gordo vientre se agitaba y se cansaba de felicitar a sus alumnos.






domingo, 6 de julio de 2014

EL ARREPENTIMIENTO



Un tal Pascual mató a su padre.

Nadie supo quien fue el culpable de esta muerte.

Pero desde aquel día, el parricida no soportó el canto de las golondrinas.

En su imaginación las golondrinas le gritaban:

-Asesino, asesino-

Pascual destruyó todos los nidos de golondrinas que pudo.

Tampoco encontró la Paz.

Entonces se desahogó con un amigo:

-Estas malditas golondrinas me reprochan haberle dado muerte a mi padre-

La policía investigó y el delito fue descubierto.

*   *   *

Al inicio del siglo XX, en Torreón estalló un gran incendio.

Nadie sospecho que había sido una venganza.

Pero desde aquel día, uno de los vecinos ya no le hablaba a nadie.

Permanecía en su casa con la puerta atrancada.

Era el culpable de tan tremendo incendio.

Los espectros de las víctimas del incendio desfilaban ante sus ojos. Le decían:

-En ese árbol es donde debes de ahorcarte-

Pascual derribo el árbol, pero todo fue en vano.

Los vecinos lo veían muchas veces de rodillas y clamando al cielo.

Pascual no aguantó más, y se presentó ante las autoridades declarando su crimen.   

sábado, 5 de julio de 2014

EL CONEJO Y LA ZORRA



Un día estaba un conejo con unaa zorra a orillas de un arroyo, que se conoce con el nombre del arroyo de las peñas, que queda entre Loreto y Mulegé tenían mas hambre, que la zorra se podía comer un corral de mil gallinas y quedaba con hambre, el conejo era capaz de acabar con dos hectáreas de zanahorias y también quedaba con hambre mirándose uno al otro profundos en sus pensamientos, cuando escucharon entre las hojas secas de un peinisillal y de los matorrales de oreja de mulo se escucharon unos pasos y de inmediato saltaron al monte y se escondieron, para mirar quien se trataba, cual fue su sorpresa de los hambrientos miraron una suculenta pava congona sacada de diez pavitos se limpiaron los ojos y su realidad fue otra, cuando vieron salir a la rana con un calabazo, una totuma y una bola de jabón de monte y siguió directo al arroyo para tomar un refrescante baño. Cuando se desnudó. El conejo que es mas lizo que un barbudo de charca o que un mojón de sapo saltó y le gritó, en medio de carcajadas, rana escricá, chucha de hilo pelonga la rana miró sorprendida se tapo los senos y se tiró al arroyo y desde ahí le decía maldito, desgraciado, malparido, degenerado, culo de nudo, hijo de puta tanto perro que no te ejuasa, tanto cazador que no te mata mala muerte debes tener.

Llenó el calabazo y se fue rabiosa hablaba y renegaba contra el conejo y el conejo solo se reía y la zorra que es un poco mas seria le decía mal hecho conejo por que yo también soy mujer y no me gustaría que me faltaran al respeto de esa forma eres un atrevido, un desconsiderado, como es que un hombre le hecha las faltas a fura a un mujer, eres un bandido sin escopeta alabancioso, bajo.

Ya le dijo el conejo sigue que todavía te falta dime mas insúltame pero se continuaba riendo, la zorra muy molesta le decía tu no te das cuenta que tu madres también es una mujer, a ti no te gustaría que alguien le faltara al respeto, o la humillara de esa forma como tu lo estas haciendo con la pobre comadre rana eres tan mal educado, o es que tus padres no te enseñaron que ahí que aceptar a los demás tal y cual como son.

La zorra le dijo tate con los dientes como un saco de ajo, y con la naricita huele peo, y las orejotas como una hoja de tabaco y te digo esto para ver si te gusta, so culo chupín, nalgas de sapo, por que como dice el dicho no hagas con otro lo que no quieras que hagan contigo. El conejo se quedó pensando si la rana le dio rabia por que le dije la verdad, ahora le voy a decir mentira por que así somos nosotros que no nos gusta que sean sinceros, si sincero eso depende la forma en que uno diga las cosas. continuaba con su maldad el conejo, le dijo a la zorra mira vamos a donde rana que le voy a gritar otra cosa la zorra dijo yo no voy para haya, tu crees que yo soy igual que tu, no mi hijo soy una mujer y a mi no me gustaría, pero el conejo insistía que la tomó por los brazos y se le llevó arrastra, cuando llegaron cera a la rancha de la rana conejo se limpió el gaznate unk unk, para que no se me valla el gallo y empezó gritar rana chuchona, chucha de vaca barcina chucha pelua y la rana que oye y suelta una carcajada jajajajaja vea usted niña mayo, para eso es que te escondes al orilla de los arroyos para verle la chucha a las mujeres. entren que les voy a preparar un sancocho con una gallina gorda que tengo.
Conejo agarró a la zorra por el brazo y se la llevó, la rana contenta sacó de la tierra un calabazo de vino de uva que tenia enterrado tomaron comieron y bailaron hasta el amanecer la zorra ya borracha le dijo a conejo vámonos que tengo mucho sueño se tomaron de la mano y se despidieron de la rana la que muy complacida les volvió a invitar para cuando ellos quisieran venir su casa estaba a la orden.

NOTA: Así como la rana habemos personas que no queremos que nos digan la verdad, y vivimos siempre del engaño.

martes, 1 de julio de 2014

LA NIÑA ATROPELLADA



El cuento que a continuación les voy a contar, ha circulado de boca en boca por los habitantes de las colonias del Valle, Narvarte y aledañas por igual. La ubicación exacta de ésta, toma forma exactamente en el cruce del Eje Vial Número 5, mejor conocido como Eugenia, y el Eje Vial Número 2, también conocido como Gabriel Mancera.

Alrededor de las 2 a. m. se cuenta, una chiquilla se dirigía caminando hacia la farmacia para comprar las medicinas que su madre enferma requería, hecho por el que se vio forzada a salir a esas altas horas de la madrugada o por lo que fuera, esta versión se practica para darle dramatismo a la historia y para justificar qué podría estar haciendo una escuincla en la calle a esa hora.

La niña, consciente de la hora, prudentemente respetaba los semáforos y señalamientos antes de cruzar las calles hasta llegar a su destino, y así lo hizo también en el cruce de Eugenia con Gabriel Mancera.

Al ponerse la luz roja para los vehículos que transitaban sobre Eje 5, la chica se dispuso a caminar, de esquina a esquina, para cruzar dicho Eje, pero, a diferencia de la gallina, nunca llegó al otro lado del camino, ya que un coche que iba a exceso de velocidad decidió ignorar la luz roja y cruzar, sin tomar precaución alguna sobre otros automóviles o transeúntes cruzando. Golpeó mortalmente a la niña, dejándola medio viva y medio muerta en el arroyo del tránsito.  El automovilista responsable nunca se bajó del vehículo... es más, nunca se detuvo para saber si la niña vivía o moría y nunca fue para pedir asistencia médica a nadie ni por nada. Siguió su camino, sin más.

Eventualmente, la niña falleció en agonía y sola, nadie la ayudó. Desde entonces, y es aquí donde uno debe espantarse, alrededor de las 2 a.m. en el cruce de Eugenia con Gabriel Mancera, el espíritu de la niña se aparece a los automóviles que circulan a esa hora a exceso de velocidad. Ella cruza la calle como aquella fatídica noche cuando perdió la vida, provocando así que los autos se vuelquen por tratar de esquivarla cuando la ven, quedando literalmente "patas arriba". Una vez que provocado el accidente, se va, dejando a los pasajeros sin asistencia de ningún tipo para morir solos, tal cual a ella le sucedió.